¿Qué son las bacterias lácticas y cuál es su importancia para la salud?


La Universidad Nacional de San Luis (UNSL) cuenta con un laboratorio especializado en el estudio de las bacterias lácticas, microorganismos clave para la salud y la industria alimentaria. Su relevancia radica en su capacidad para producir sustancias antimicrobianas, alternativas biológicas a los antibióticos tradicionales. Actualmente, el principal desafío científico del laboratorio es evaluar el potencial de estas bacterias como probióticos: microorganismos vivos que, al ser ingeridos en cantidades adecuadas, aportan beneficios directos al organismo.

Este espacio, dirigido por las doctoras en Bioquímica, Patricia Stagnitta y Nuria Mitjans, es único y exclusivo para llevar adelante trabajos de investigación científica que vinculen como protagonistas a las bacterias lácticas. Actualmente se lleva adelante el proyecto PI UNSL titulado: Estudio de bacterias lácticas regionales. Aplicación en la biopreservación de alimentos y en salud humana, el cual se fundamenta en la creciente necesidad de hallar nuevas estrategias antimicrobianas ante el aumento de la resistencia a los antibióticos y la persistencia de patógenos a través de la formación de biopelículas.

Si bien ésta es la actualidad del Laboratorio, el trabajo con estas bacterias surge en el año 2006 donde se empezó a pensar en este tema. Para contextualizar los inicios de este espacio, las investigadoras recordaron a las profesoras Irma Rezza y Ana María Ponce, actualmente jubiladas, quienes comenzaron a trabajar con bacterias lácticas. «En ese momento el proyecto se fundamentaba en la búsqueda de bacteriocinas que son proteínas pequeñas que producen las bacterias lácticas y actúan como agentes antimicrobianos frente a otros microorganismos (…) Las bacteriocinas y otras sustancias antimicrobianas, producidas de forma natural, por diversas bacterias les permiten competir y colonizar diferentes nichos ecológicos», expresó Patricia.

En esos años el objetivo era la búsqueda de bacteriocinas producidas por bacterias lácticas que fueron obtenidas a partir de la leche cruda de cabra. «La leche de cabra es muy poco estudiada no solamente en Argentina sino a nivel mundial. Nos contactamos con los encargados del tambo La Blanquita, quienes nos autorizaron para asistir periódicamente a recoger muestras en condiciones asépticas. La recolección de la leche es todo un proceso porque se debe hacer bajo protocolos de cuidado para que no se contamine, conservarla en frío, traerla al Laboratorio, refrigerarla y después comenzar a trabajar con medios selectivos de cultivos para aislar bacterias lácticas», expresaron las investigadoras.

Durante los primeros años del proyecto, el equipo trabajó en el segundo piso del edificio «El Barco» y luego cuando el Área de Microbiología de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia (FQByF) se comenzó a mudar al Bloque I, al proyecto se le asignó un espacio que había quedado desocupado en el edificio de Chacabuco y Pedernera. A finales del año 2012 y comienzos del 2013, fue la mudanza final de toda el área a los nuevos edificios del Bloque I que actualmente conocemos.

¿Cómo fue la experiencia del nuevo lugar?. «Nos pareció maravillosa, el espacio nuevo fue mucho mejor para trabajar y mantener las condiciones para el cultivo de microorganismos (…) Al trabajar con bacterias tenemos que respetar los tiempos de las bacterias. Para quienes trabajamos en microbiología muchas veces no existen los sábados o los domingos. Los procesos de incubación de las bacterias llevan tiempos que no son los convencionales», expresaron las científicas.

En la actualidad, el Laboratorio cuenta con una colección (cepario) de más de 50 cepas de bacterias lácticas, muchas de ellas todavía no estudiadas. A medida que se disponen de nuevas metodologías de estudio, el equipo científico selecciona cepas inéditas para estudiarlas desde cero. En microbiología, una cepa es una variante específica de una bacteria que posee una identidad única. Aunque dos (2) bacterias compartan el mismo género y especie, se consideran cepas distintas si fueron aisladas en momentos o lugares diferentes, lo que a menudo implica que tienen un origen y un comportamiento particulares. «En nuestro laboratorio cada cepa se identifica con un número y con una sigla característica del Laboratorio», sostuvo Patricia.

Experiencia en salud humana. Debido a su extenso uso tradicional en alimentos fermentados (quesos, yogures, entre otros productos), se conoce que las bacterias lácticas carecen de potencial patógeno para el ser humano. Las científicas aprovechan esta condición de seguridad para investigar cómo sus sustancias antimicrobianas pueden frenar a bacterias perjudiciales, ya sean patógenos que causan enfermedades en el ser humano o microorganismos que pueden generar deterioro de alimentos. «Dicho con otras palabras, aprovechamos una estrategia que tienen las mismas bacterias para establecerse en un ambiente, en beneficio de la conservación de alimentos o la salud humana, por ejemplo, hemos trabajado con lactobacilos obtenidos a través de exudados vaginales en mujeres en edad fértil», exclamaron.

Este estudio vinculado a los exudados vaginales, se comenzó a realizar en el año 2016 y surgió de forma casual debido a una Especialización en Bacteriología Clínica que estaba realizando una investigadora del proyecto. En ese contexto, la científica propuso estudiar bacterias lácticas con una aplicación en clínica. Para ello, se tomaron las muestras de exudados vaginales en mujeres en edad fértil a partir de los cuales, se aislaron las bacterias lácticas y se estudió su espectro de acción. El estudio confirmó que estas bacterias lácticas, procedentes de microbiota vaginal, tienen actividad antimicrobiana contra Candida albicans. «Estos resultados abren una vía prometedora para el desarrollo de nuevos tratamientos contra la candidiasis vaginal», destacó Nuria.

Próximos objetivos. Las expertas remarcaron que se está trabajando para poder verificar el uso de las bacterias lácticas como probióticos. Para que puedan cumplir con su objetivo tienen que resistir el paso por el estómago y por el intestino. Un probiótico es aquella bacteria que se ingiere viva y que dentro del organismo genera sustancias que son beneficiosas para la salud, pero para eso tiene que resistir el paso por el estómago y por el intestino.

«Aunque sabemos que las bacterias en estudio poseen un amplio espectro de acción —con una prometedora actividad tanto antibacteriana como antifúngica—, aún no hemos evaluado su potencial como probióticos. Para lograrlo, debemos recrear en el laboratorio el entorno del sistema digestivo. Esto implica exponerlas a medios ácidos que imiten el estómago, así como a sales biliares y otros componentes del intestino. Si tras incubarlas en estas condiciones logran sobrevivir y mantener su actividad, habremos demostrado su aptitud para ser consideradas candidatas a probióticos», concluyeron.

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