Estudiantes de la UNSL construyen un cohete experimental que pronto tomará vuelo


Un equipo de la Universidad Nacional de San Luis (UNSL) participa por primera vez del Desafío Argentino de Cohetería Experimental (DACE 2025-2026), una competencia nacional dirigida a estudiantes universitarios/as y graduados/as recientes cuyo objetivo es introducir a los/as participantes en el diseño, construcción y lanzamiento de cohetes experimentales operados bajo normas de seguridad estrictas. Esta iniciativa busca impulsar el desarrollo de la cohetería en Argentina, fomentando la educación, la innovación y el trabajo en equipo. En el mes de julio próximo se prevé el lanzamiento.

La docente de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas y Naturales (FCFMyN), la ingeniera electrónica Ivana Trento, consejera de la Rama Estudiantil del Instituto de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos (IEEE) de la Facultad, sostuvo que es la primera vez que este certamen se realiza en el país y está organizado por la Asociación de Cohetería Experimental y Modelista de Argentina (ACEMA) con el auspicio de empresas e instituciones como la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), Tripoli Rocketry Association y Space Education Foundation, entre otras.

ACEMA es la misma asociación que organiza CANSAT desde el año 2003, la competencia para construir y lanzar un satélite real del tamaño de una lata de gaseosa. En este certamen, el equipo de la UNSL participa junto a otros 15 equipos de otras universidades de siete (7) provincias del país. «Nuestro equipo se llama Horneros Rocketry Team (…) Vamos a diseñar, construir y lanzar un cohete con las características específicas de dimensiones, peso y estabilidad que determinan las bases del certamen», sostuvo la profesora.

La Ingeniera expresó que el fuselaje (cuerpo del cohete) debe presentar al menos cinco (5) centímetros de diámetro y su longitud debe medir al menos 14 veces ese diámetro (70 cm mínimo). Todo el cohete no puede superar los dos (2) metros de largo, y sin el motor debe pesar menos de 1,8 kg.

Añadió que para el cuerpo del cohete deben emplear solamente los materiales permitidos por la organización, como: plásticos, cartón, madera balsa o fibra de vidrio, entre otros. No se permiten partes metálicas en el exterior del cohete, a excepción de tornillos para sujetar las piezas. Paralelamente el equipo debe construir un motor de propulsión utilizando acero y un combustible sólido especial (mezcla de nitrato de potasio con otros químicos). «El motor impulsa hacia arriba el cohete con una fuerza controlada para que ascienda, debe ser seguro y muy resistente. En el lanzamiento, el cohete debe alcanzar una altura de 450 metros como mínimo», detalló Trento.

La investigadora sostuvo que otra parte importante del diseño es el sistema de recuperación, caracterizados por paracaídas. Su función es que el cohete no se dañe cuando baja. En este caso debe tener dos (2) paracaídas: uno pequeño que se abre en el punto más alto del vuelo (apogeo) y otro más grande que se abre a 250 metros para que descienda suavemente, con una velocidad máxima de cinco (5) metros por segundo. Este sistema se activa electrónicamente.

Por último, el equipo debe diseñar la carga útil del cohete, que es el conjunto de elementos que el cohete transporta en vuelo para cumplir un propósito específico. En este desafío, la carga útil tiene un máximo de 250 gramos e incluye principalmente la electrónica necesaria para controlar la apertura de los paracaídas en el momento adecuado, y para adquirir y almacenar datos del vuelo. Esto incluye un altímetro que registrará la altura máxima alcanzada y un velocímetro que deberá registrar la velocidad del cohete durante el ascenso y el descenso.

«Es un proyecto complejo, que involucra distintas disciplinas y conlleva un desarrollo minucioso, incluyendo el uso de simuladores para el diseño del cohete y para el sistema electrónico (…) El impulsor de este proyecto fue originalmente un estudiante de la carrera Ingeniería Electrónica con Orientación en Sistemas Digitales (IEOSD), Tomás Arancibia, que motivó la creación del equipo de la UNSL (…) El desafío de construir y lanzar un cohete es algo que entusiasma en gran medida a los estudiantes y genera un espacio en que pueden aplicar en un entorno real los conocimientos de ingeniería, física, química, matemáticas, adquiridos en la Universidad», especificó Ivana.

También añadió que la participación en este certamen fomenta el desarrollo de habilidades blandas imprescindibles en profesionales que forma la Universidad y que los prepara para su futuro laboral, como lo son la gestión de proyectos, el trabajo en equipo, la planificación, la comunicación, la responsabilidad y el cumplimiento con fechas de entrega.

Prototipo del desarrollo. El equipo se encuentra avanzado en la mecánica del cohete en base a los resultados del software de simulación y cuentan con las primeras piezas de la estructura del prototipo. En este momento se está desarrollando la parte electrónica y prontamente se construirán los paracaídas. «Nuestro equipo ya envió el primer reporte preliminar con el diseño propuesto, el cual fue aprobado por la organización».

Aporte social. La científica sostuvo que este tipo de actividades fomenta la formación integral de los/as profesionales que van a egresar de la Universidad, ya que promueve el desarrollo y la aplicación de conocimientos y habilidades técnicas y el trabajo en equipo; contribuye a la generación de conocimientos científicos y tecnológicos en el área aeroespacial; y potencia la innovación local, preparando a los/as futuros/as egresados/as para el mercado laboral e impulsando el desarrollo tecnológico nacional. Por la complejidad e interdisciplinariedad del proyecto, puede dar lugar a la realización de proyectos finales y tesis de los/as estudiantes, y tiene el potencial de expandir sus horizontes laborales.

Datos. El equipo está conformado por 20 estudiantes de la UNSL, principalmente de la FCFMyN, que cursan las carreras de Ingeniería Electrónica con Orientación en Sistemas Digitales, la Licenciatura en Física y la Licenciatura en Ciencias de la Computación. La mayoría pertenecen a la Rama Estudiantil del IEEE de la Facultad.

Paralelamente al ser interdisciplinario también participan estudiantes de la Facultad de Química, Bioquímica y Farmacia (FQByF) y de la Facultad de Ciencias Humanas (FCH). «Incluso hay una estudiante de la Licenciatura en Nutrición, que corresponde a la Facultad de Ciencias de la Salud (FCS), que se unió al proyecto porque tiene interés en especializarse en nutrición en ambientes extremos (…) Es importante destacar que el equipo, además de interdisciplinario, es mixto. Considero que es muy importante la participación de mujeres en este tipo de desarrollos, lo que incentiva también a que más mujeres elijan carreras tecnológicas en nuestro país», detalló Ivana.

Al ser la primera vez que la UNSL participa de un certamen de estas características, la investigadora agradeció el apoyo institucional del Dr. Rodolfo Daniel Porasso, decano de la FCFMyN; del Ing. Marcelo Belzunce, director del Departamento de Electrónica; y del Dr. Diego Valladares, director del Departamento de Física. También destacó el apoyo de las empresas Matricería Argentina, Aero Rigging, Huckuroo 3D y Capacitación Industrial, por ser sponsors del desarrollo. «Necesitamos más colaboración para llevar adelante el proyecto, así que invitamos a más empresas de San Luis a que se sumen como sponsors», concluyó la profesora.

Fotos: Prensa Institucional UNSL
Gentileza: Ing. Ivana Trento

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